Son muchos los que advirtieron desde un principio el carácter religioso de Matrix, la película de los hermanos Wachowski. Su protagonista, Neo, se presenta en ella como un Mesias de los tiempos modernos. Morpheus/Juan el Bautista anuncia tras de mí viene uno más fuerte que yo (Mc. 1.7). Trinity/María Magdalena anuncia la resurrección (Mc. 16.9). Y así sucesivamente. Pero, podemos preguntanos, ¿qué hace exáctamente de Neo un Elegido?
Creo que la respuesta se encuentra en uno de los episodios más curiosos de la película. En el combate final, Neo -¿inspirado por Trinity?- se da cuenta de que puede ver desde dentro la Matriz tal y como la ve Mouse, el programador, desde fuera, en la pantalla de su ordenador. Es decir, como cadenas de un código semejante a nuestras secuencias binarias (¿serán esos pictogramas verdosos el equivalente futuro de nuestros 1s y 0s?). El cerebro de Neo comienza a operar diréctamente a bajo nivel: el agente Smith (el malo) se convierte en un simple algoritmo cuyas respuestas resultan perfectamente calculables. La matriz se convierte entonces en un simple videojuego, para el que Neo tiene todos los POKEs -¡ah, los viejos tiempos del Spectrum!. Un videojuego mesiánico, claro.
¿Se aplica también a Matrix la ley de
La alternativa racionalista para tratar con los ordenadores nos la propone, también David de Ugarte. No es necesario descender al código binario para relacionarnos con la máquina. Nuestras neuronas operan con señales analógicas, no digitales. Lo que importa es la estructura del algoritmo con el que procesamos los datos. Engáñeme quien pueda, que lo que nunca podrá será hacer que yo no sea nada, mientras que yo esté pensando que soy algo (...) ni que dos más tres sean algo distinto de cinco, ni otras cosas semejantes. Este era, otra vez, Descartes en 1647. Un algoritmo tan simple como el de la suma no podrá engañarnos. ¿Y qué son hoy los ordenadores más que algoritmos y silicio?
aCualquier usuario de oficina normal de Windows u Office entiende que manejar con agilidad los programas incluye enfrentarse a fallos lógicos y saber resolverlos, dice David de Ugarte. No hay engaño alguno y no necesitamos ningún Mesias para acceder al disco duro.
Los ordenadores constituyen hoy nuestra una parte central de nuestra noosfera, como dice Sáez Vacas. ¿Alguien se extrañará entonces de que podamos amarlos?
Otro día más sobre la noosfera: de momento, Fernando Sáez Vacaz, Meditación Infotecnología, un e-book