Extremism in the defence of liberty is no vice. En 1964, Barry Goldwater pronunció esta frase -de ecos, al parecer, ciceronianos- en su discurso de aceptación de la candidatura republicana a la presidencia estadounidense. Perdió, según muchos, por extremista.
En El planeta de los simios, el general Thade pronuncia esta misma frase, esta vez en defensa de los simios -para quien no lo recuerde: en la cena en casa del padre de la bondadosa Princesa Ari. Y aparentemente pierde -en el final de los buenos; en el de los malos nos lo encontramos precisamente en el Capitolio. ¿Cuál es el extremismo de Thade? Afirmar la imposibilidad de una convivencia pacífica entre especies. Ya avisaba el padre del general Thade (¿Charlton Heston?): si los simios no someten a los humanos, éstos les dominarán. La libertad, que decía Goldwater.
En _La política de los chimpances_ el etólogo Frans de Waal se pregunta ¿Son los orígenes de la política más antiguos que la Humanidad? No sería de extrañar: compartimos con los grandes simios un antepasado común (_Proconsul_) que vivió en África hace unos 20.000.000 de años; nuestro ancestro común con los chimpancés no tiene más que unos 8.000.000. Por mucha prisa que nos demos en alejarnos de los simios, el tiempo aprieta: "Si el reloj evolutivo desde el origen de la vida hasta el presente se reduce a la escala de un año, los seres humanos hacen su aparición, aproximadamente, a las 8 p.m. de la víspera de Año Nuevo".En efecto, el comportamiento grupal de los chimpancés nos descubre analogías extraordinarias: coaliciones, engaños, segundas intenciones,... No son unos angelitos, vaya. Tampoco nosotros. A los bienpensantes les gustará, por tanto, ese final en el que el astronauta terrícola extraviado en el planeta de los simios se despide de sus dos enamoradas (la bondadosa princesa simia y la aborigen humana) con sendos besos. Vivamos juntos en paz sin extremismos... aunque nuestras especies no puedan cruzarse y tengamos que competir por los recursos.
Ya lo advertía Goldwater, la libertad es, a veces, extremista. Si, por ejemplo, Mahoma nos envía un par de aviones desde Afganistán para islamizar el World Trade Center, ¿a quién tendremos que parecernos nosotros, al general Thade o a la princesa Ari? Eso sería comportarse como simios, dirán algunos. Como hominoideos, digo yo. Al fin y al cabo, es lo que somos.
Para leer más: Frans de Waal, La política de los chimpancés, Madrid, Alianza