Como una enredadera y no como un árbol

El nacimiento de la Netocracia y los nuevos valores

Por David de Ugarte

Los primeros en hablar de Netocracia fueron los suecos Bard y Söderqvist.Tienen biografías curiosas. Uno es profesor en la Stockholm School of Economics, músico y fundador de la principal discográfica sueca,el otro ensayista y un conocido periodista.Ambos cuentan que lo que les llevó a escribir juntos el libro que daría nombre a todauna clase social fue la puerilidad de casi todo lo publicado sobre la red...

Recogían su tesis central de Pekka Himanen (autor de La ética del hacker) y otros sociólogos cercanos a Manuel Castells. Al capitalismo seguirá un nuevo orden social y económico: el informacionismo, del que estamos viviendo los primeros albores. Paralelamente, y ésta era su principal aportación, si los anteriores sistemas sociales vieron el protagonismo de la nobleza y la burguesía, el nuevo verá el de los netócratas, una nueva clase social definida por su capacidad de relación y ordenación en las redes globales. Una clase definida no tanto por su poder sobre el sistema productivo como por su capacidad de liderazgo sobre el consumo de los miembros masivos de las redes sociales.

Bard y Söderqvist no sólo crearon nombre y concepto, nos dibujaron a los hackers de Himanen (nosotros mismos) un paso más allá en el tiempo y la influencia. Los netócratas son los hackers que no se han integrado en el mundo establecido como asalariados y que han conseguido alcanzar -normalmente usando Internet de un modo u otro- un estadio de independencia económica y libertad personal. Sus netócratas son hackers con influencia política y económica real. Son microempresarios tekis, creativos, innovadores sociales, los héroes locales de la sociedad del conocimiento...

En una organización social en contínua revolución, en la que la información en sí misma tiene un valor limitado y lo realmente valioso en la atención y sobre todo la capacidad para generarla, la jerarquía social viene determinada por la pertenencia a las redes más valiosas. Redes que se hacen y deshacen continuamente en una competencia sin fin y sin triunfadores estables.

Cambian los valores sociales en consecuencia, se pide a los individuos inteligencia social y facilidad para cambiar de personalidades según la red, de hecho una forma manejable de esquizofrenia es un ideal netocrático en un enfoque general que hace deudores a los netócratas tanto del viejo ideal nietzchiano como de los protagonistas de Philip K. Dick

El netócrata hereda del hacker su concepción del tiempo, el dinero y el trabajo. Tiempo que no se mide ya con el cronómetro ni con la jornada. Su trabajo es creativo, su tiempo es flexible. Piensa a medio plazo, no mide en tiempo en horas sino en proyectos. Vitalmente ocio y trabajo se confunden en placer y reto intelectual. El tiempo de trabajo ya no es una no-vida opuesta y separada, contingentada por una barrera de jornada y salario. El netócrata se expresa en lo que hace. Vive su yo, sus yoes y cobra en reconocimiento intelectual y social una vez alcanza los ingresos monetarios que le permiten dedicarse exclusivamente a ser y expresarse.

Al igual que su tiempo y su hacer no se separan en diques, sus relaciones personales tampoco. Trabaja con quien quiere; si trabajo y vida no se oponen, cómo va a diferenciar entre relación personal y relación de trabajo. El netócrata quiere vivir las relaciones, maximizar su valor de disfrute. Da a cambio accesibilidad a su ser, no propiedad sobre su tiempo o localización física. Importa el flujo que la relación genera, no capitalizarla convirtiéndola en stock.

Proyección de su ser social, el ideal político que subyace bajo la netocracia no es otro que una metáfora de la competencia perfecta. Máxima decisión sobre uno mismo, ausencia de poder cohercitivo sobre los demás. Esta es la sustancia del libertarismo netocrático, la naturaleza de las redes, renuente a todo sistema legal explícito y complejo que vaya mucho más allá de la netiqueta.

Afán de independencia y libertad nietzchiano, relaciones no propietarias, influencia y articulación social sobre las redes virtuales y ciudadanas, memética y juego de personalidades, esa deliciosa esquizofrenia funcional... en fin, parece que la netocracia un perfil muy cercano al lector -y los autores- de éste libro. Pero también al movimiento ciberpunk, a los hackers de Himanen o a los neo-pequeñoburgueses de Juan Urrutia.

Afán de independencia y libertad nietzchiano, relaciones no propietarias, influencia y articulación social sobre las redes virtuales y ciudadanas, memética y juego de personalidades, esa deliciosa esquizofrenia funcional... en fin, parece que la netocracia un perfil muy cercano al lector -y los autores- de éste libro. Pero también al movimiento ciberpunk, a los hackers de Himanen o a los neo-pequeñoburgueses de Juan Urrutia.

Son en resumidas cuentas, las estrellas creativas de la sociedad postindustrial. Pero a diferencia de sus hermanos mayores los publicitarios, los diseñadores, los arquitectos estrella... no trabajan en sucedáneos creativos de factorias industriales. Son libres, no tienen la riqueza como símbolo de poder sino la audiencia. Trabajan en red. El tipo de gente que sabe convivir en una comunidad académica o de software libre y luego obtener lo que necesita de empaquetar y vender el producto creado en común o servicios de personalización. Son el tipo de gente que regala música en red para obtener más conciertos o escribe libros copyleft para dar conferencias después: hackers que miden el valor de su trabajo no en función del ingreso directo sino de su difusión.

La netocracia empezó a tomar forma en algún momento de los años noventa, ligada las primeras oportunidades en internet, la creación y los pequeños mercados de asesoría tecnológica. La emergencia de la sociedad red les permitió colarse marginalmente en los medios de comunicación de masas al tiempo que sus redes virtuales se beneficiaban del crecimiento general de la web y del número de conexiones privadas a Internet. El cambio de siglo les encuentra curtidos por las guerras de la sociedad de la información, en movimiento y dueños de su destino... tal vez, del destino del sistema social en conjunto.

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