Como una enredadera y no como un árbol

La batalla de las .com

Por David de Ugarte

Una de las claves del éxito de la WWW de Tim Berners Lee es la facilidad para publicar y la versatilidad de las herramientas de edición para convertir un documento hipertextual en casi cualquier cosa: de una tesina a una tienda. Ese es el secreto: la tecnología usable permite la comunicación no dividida. Todos son potenciales emisores y no sólo receptores. La web funciona asociando libre y contextualmente, como nuestro cerebro, como una gran red colectiva.No hay costes por el intercambio de información. No hay distancias.

Pronto la WWW fue lo más parecido que ha existido nunca a la metáfora del mercado de competencia perfecta gusta tanto a los economistas: un mundo sin barreras de entrada donde lo único realmente importante era la capacidad personal y la iniciativa, dónde un individuo con imaginación podía ganar a una gran empresa establecida en el mundo real desde hacía años.La WWW es la representación digital de la sociedad netocrática.

Mientras el número de usuarios crece continuamente, Internet, toscamente asociado con la web, aparece como algo a ser explicado. Un lugar hacia donde se dirige la atención de millones personas. Descritas, por pereza mediática o por deseo subsconsciente como consumidores. Nace uno de los primeros abismos conceptuales con los grandes medios: los surfers, los navegantes de la web, eran y son sólo en muy escasa medida consumidores en términos monetarios. No existe en la WWW consumo de información en un sentido distinto al que puede tener la Biblioteca Nacional. A la salida puedes visitar la tienda y llevarte un recuerdo, un detalle o un juguete. Pero nadie obtiene el carnet de usuario para comprar souvenirs.

Da igual, se gastarán su dinero tarde o temprano, dicen los analistas. Lo importante es demostrar que tras la caida del muro de Berlín y del consorcio militar industrial, el consorcio informacional (enterteinment y software propietarios) ha encontrado su propia carrera armamentística: el lugar de un crecimiento sin fin en el que reproducir los viejos y resecos modelos de negocio.

La fantasía del nuevo mercado se incorpora a los debates, las crónicas y los ensayos pulp para empresarios. Con un capitalismo sediento de nuevas demandas, la sola sospecha de su existencia atrae capitales, alía gigantes y financia mastodónticas campañas publicitarias.

Es una nueva carrera del Oeste con electrónica y computadores. Los nuevos vaqueros entran en las praderas cuasi vírgenes de la Sociedad de la Información con las miles de cabezas de sus .com

Se ilusionan, pero no se engañan: el Oeste no está vacío. Están los pioneros, los exploradores y los indios: tekis, ciberpunks y hackers. Aparentemente nada importante, se puede absorber a unos, ignorar a otros y criminalizar al resto. El principal problema del nuevo territorio es la ausencia de barreras de entrada. La frontera es libre.

Estamos ya a finales de los noventa, el negocio, se ve claramente, no va a estar en el acceso. Los grandes consorcios mediáticos optan por una nueva estrategia: convertir la WWW en un medio tradicional, dividido entre unos cuantos emisores corporativos y una masa de receptores/consumidores pasivos. Para ello aprovecharán las grietas que la tecnología web ofrece para generar barreras y convertir en coto privado un mundo abierto.

Estamos ya a finales de los noventa, el negocio, se ve claramente, no va a estar en el acceso. Los grandes consorcios mediáticos optan por una nueva estrategia: convertir la WWW en un medio tradicional, dividido entre unos cuantos emisores corporativos y una masa de receptores/consumidores pasivos. Para ello aprovecharán las grietas que la tecnología web ofrece para generar barreras y convertir en coto privado un mundo abierto. Empieza la batalla de las .com

Empieza la batalla de las .com. Pioneros contra empresarios. Consorcios contra hackers. Ciberactivistas contra operadoras y estados reguladores. Durante tres años la prensa se hará eco de cada movimiento de las tropas, de cada refriega y combate. Para finalmente, reducirse a un interminable y constante goteo de bajas: quiebras, cierres, bajones bursátiles. La fantasía .com muere en algún momento entre 2000 y 2001. Las sucesivas caídas del NASDAQ serán su toque de difuntos. El fin de la prensa tecnológica de negocios y el nacimiento del movimiento blogger confirman que el primer enfrentamiento entre la naciente netocracia y los monopolios se salva con una victoria para los primeros.

Los ejes de la ofensiva monopolista en su intento de controlar la WWW siguen sin embargo vivos en buena medida y servirían después de modelo para la estrategia del sector audiovisual en la batalla contra la música libre:

  1. La ausencia de regulación estatal (Internet es algo por definición no estatal, sino civil y privado), empujando al estado a restringir las libertades que las nuevas tecnologías abrían.
  2. El atraso tecnológico de los países de la periferia: incorporando a la red a los newbies desde campañas de publicidad masiva y aplicaciones parciales de la red, usando la inmigración masiva de gente joven y de bajo nivel tecnológico como marea en la que ahogar el incipiente movimiento civil del ciberespacio
  3. Audiovisualizando la web. Spameando a la opinión pública con el mensaje de que lo interesante de la web eran sus potencialidades audiovisuales, un terreno en el que producir no es algo abierto: no se puede hacer cine, ni competir con las grandes cadenas televisivas a base sólo de buenas ideas

Esta última estrategia dio lugar a un montón de nuevas tecnologías, y entre las de más éxito el famoso Flash de Macromedia. Pero audiovisualizar significó de paso infantilizar. Poner dibujitos en lugar de hipertexto. De forma suicida los grandes portales remataron la jugada al modo de las cadenas de televisión: se aislaron y pasaron a no enlazar a nadie fuera del grupo mediático o financiero de turno.

Una de las consecuencias más interesantes de esta estrategia de audiovisualización fue que las grandes webs comerciales desaparecieron de los buscadores: los robots no saben leer dibujitos en Flash. Cuando la publicidad off-line desapareció de los macropresupuestos, eso significó desaparecer del mundo red. Los buscadores y sobre todo Google, son el índice de la WWW, el mapa del universo.

Aislados y vacíos los grandes portales desaparecieron uno a uno. Los newbies fueron convirtiéndose a la cibercultura de a pocos. Esta fue la clave de la batalla. Su punto álgido. Chavalitos de 18 años sin casi conocimientos tecnológicos, muchas veces sin saber siquiera editar en XHTML se incorporaban masivamente al movimiento blogger, una nueva forma para las viejas esencias de Tim Berners Lee. La lógica de la red era más poderosa que la pasividad inculcada por años de tele. Hoy, en España y según las últimas encuestas del CIS, Internet ha desplazado ya a un porcentaje significativo de jóvenes de la pasividad televisiva a la interacción web.

El esqueleto informacional del mundo red, su maraña neuronal, había resistido el primer gran ataque. Al final de la batalla de los .com, la sociedad red es más numerosa y fuerte que antes. Informe y poderosa, como un monstruo espacial del pulp cinematográfico de los 50, como una enredadera mutante, la netocracia absorbe e incorpora los restos del naufragio de sus poderosos enemigos, árboles caídos. Cada batalla no puede ser sino más virulenta que la anterior.

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