Como una enredadera y no como un árbol

HAL ha muerto, viva el PC

Por David de Ugarte

En el viejo mundo los informáticos llevaban bata blanca. Eran la más pura representación de la tecnocracia. Encarnación del mito popular del científico nacido de la gran guerra y cultivado por el pulp de los cincuenta.

Sus arquitecturas podían entenderse como una gran metáfora del estado socialista ideal. Un centro todopoderoso y benevolente atendido por sacerdotes/científicos en salas acondicionadas. Para los mortales, terminales tontos en fósforo verde. No se exige etiqueta ni bata. Todos iguales, todos acceden, de manera limitada y acotada por la autoridad central, a la info que se procesa en el Sancta Sanctorum. Todos son iguales... menos los que no lo son.

Creo que queríais desconectarme, pero me temo que no puedo permitir que eso suceda dice HAL, la supercomputadora inteligente de 2001: Una odisea en el espacio. Cuando se lleva al cine la novela de Kubrick, es 1968. El dr Chandra, entrenador de HAL, resulta un personaje muy creible.

Antes de un año los Estados Unidos enviarán los primeros humanos a la Luna. Las macroinversiones necesarias para este subproducto de la carrera de armamentos permitirán a los ordenadores ser más rápidos, más potentes, almacenar sistemas de memoria e interconectarse. En la borrachera del avance rápido muchos compartirán la fantasía de la inteligencia artificial. De HAL, símil y proyecto de todo un mundo de felices e incuestionables burócratas del conocimiento que trabajaban en sitios como Bell Labs o IBM. Arthur C. Clark se permite la broma ASCII: H+1= I; A+1= B; L+1= M; HAL = IBM +3 en tres décadas más de carrera espacial IBM lanzaría computadores inteligentes.

Pensaban en la IA como un mero desarrollo lineal, como un árbol más fuerte cuanto más crece... hasta que las máquinas llegaran a pensar o cuando menos pasar el test de Turing, hacerse indistinguibles de un humano en una conversación a ciegas.

1975, Los Altos, California: Una imagen tópica. Dos hackers comparten taller en el garage. Fabrican y venden Blue Boxes: circuitos que conectados al teléfono engañan a las centralitas de la Bell y permiten hablar sin pagar. Eran Steve Jobs y Steve Wozniac. Wozniac presenta el proyecto de construir un ordenador para uso personal en el Homebrew center, un club de hackers de la electrónica. Jobs le ofrece un plan: venderá su camioneta si Woz vende su calculadora (entonces aún son caras) y juntos montan un taller de ensamblado en su garaje. Pero Jobs trabaja en HP. Su contrato le obliga a ofrecer a la empesa cualquier desarrollo antes de hacerlo por cuenta propia. Solicitan una reunión y plantean la idea. La respuesta es la esperada: los ordenadores sirven para gestionar grandes procesos sociales, requieren potencia, más que la que una pequeña máquina podría ofrecer sin servir además nada que la gente quiera tener en casa, un ordenador personal sería como un bonsai con dificultades para arraigar ¿quién podría querer algo así?.

Y efectivamente, el Apple I no era un derroche de potencia: 4Kb ampliable a cuatro más y con almacenamiento en cinta de caset opcional... Pero fue el primer paso para desconectar a HAL. En abril del 77 se presenta Apple II y en el 79 Apple III que ya tiene 48Kb.

Ya nadie tiene que explicar qué es o para qué sirve un ordenador personal. En las universidades la naciente comunidad hacker sigue el ejemplo y monta ordenadores por componentes. Un modelo que seguirá IBM el año siguiente cuando diseñe su IBM PC. Un intento por liderar los nuevos tiempos.

La idea no era mala. Suponía vender, ensamblar y diseñar en arquitectura abierta un ordenador de componentes baratos fabricados por otros. Utilizar todo el poder de marca de IBM bastaría, suponían, para merendarse el naciente mercado doméstico y mantener en segmentos específicos a los posibles licenciadores y fabricantes de clónicos...

Pero no fue así, las cosas habían cambiado. IBM pensaba en sus máquinas como sustitutos relativamente autónomos de los tradicionales terminales tontos. Pensaba en el PC como en una pieza dentro de la vieja arquitectura centralizada, ramas más gruesas para sus árboles. Al tener un modelo universal de arquitectura abierta los hackers de la electrónica pudieron empezar a construir sus propias máquinas compatibles por componentes... e incluso venderlas luego mucho más baratas que los originales del gigante azul. El sueño del hacker, vivir de ello, se hacía realidad. Los hackers de la electrónica de los setenta acabaron montando PCs por su cuenta en tallercitos, tiendas y garages... Sin valedores tekis, Apple desaparecería hasta del underground, pero el PC se separaría progresivamente de IBM.

Pero cuando en casa tienes más de un ordenador, aunque sea porque lo montes para otros, es inevitable la tentación de comunicarlos y ponerlos en red. Cuando tus amigos tienen modem y puedes dedicar un ordenador sólo a compartir con ellos, es inevitable -sobre todo donde las llamadas locales son gratuitas- dejarlo conectado todo el día para que entren cuando quieran. Cuanto más potentes se hacían los PCs más potentes se hacían también las arquitecturas de red de los hackers.

Como una enredadera que brota sobre un árbol, el uso de un nuevo tipo de herramientas irá creciendo y diferenciandose poco a poco a lo largo de los 80. Están naciendo las estructuras que darán forma al nuevo mundo. Son los tiempos de las redes LAN caseras, de las primeras BBS, del nacimiento de Usenet. La Internet libre y masiva se acerca. Eran inventos diferentes, hechos por gente diferente, con motivaciones diferentes. Era lo que pedían los tiempos... aunque ellos, los hacker de entonces, ni siquiera lo sabían todavía, expresaban no sólo su forma de organizarse y representar la realidad, sino la arquitectura completa de un nuevo mundo que debía representarse y organizarse reticularmente para poder funcionar y dar cabida a un nuevo tipo de incentivos. Pronto, una enredadera cada vez más densa de pequeños ordenadores bonsai cubriría a HAL hasta desconectarlo para siempre...

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